Otoño

Llovía y estaba oscureciendo. El suelo mojado parecía más limpio pero no resbaladizo.

Sin embargo, el olor a tierra mojada no llegaba, quizá tenía que caer con más fuerza y durante más tiempo, pensé.

Por un instante recordaba la calle solitaria y aquellos soportales dónde nos resguardábamos contemplando el regalo de la estación otoñal.

Me pregunté ¿Dónde estás?

Escondido entre la gente.

Y…entonces te vi. Entre las callejuelas estrechas, tu sombra se hacía presente.

 Si, eras tú.

Sabía que las recorrías cada día, despacio, a veces , subiendo los peldaños de la escalera de piedra sigilosamente.

El cálido viento acompañaba mis pasos, pero ¿Hacia dónde?

Algo me dijo que me dabas permiso y te seguí, observando a lo lejos tu silueta.

Me pregunto aún cuál era tu misterio.

Sin darme cuenta, te diste la vuelta .

Se desdibujó en tu rostro un gesto de asombro que, en décimas de segundo, lo sustituyó una sincera sonrisa.

Te miré.

Y lloré.

Porque no fue sino un encuentro dónde podríamos abrazar al mundo al que confiabas tus más preciadas ilusiones y sueños por cumplir.

¡Otoño! Que bello eres!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *