¡Gracias!

A ti que cada mañana me abres una puerta con un saludo de buenos días.
A ti que me devuelves la sonrisa, con otra todavía más cómplice.
A ti que respondes a mis dudas y confías en mí.
Gracias.
Por abrazar sin pedir,
por pedir abrazando,
por llorar a mi lado.
Gracias.
Y tomo tus manos,
observo tus gestos,
que hablan y esperan.
Tus ojos, tu voz.
Y tú de nuevo.
Ahí, esperando el maravilloso momento de encontrarnos,
para al girarme, sentir de nuevo,
que estás aquí.
Gracias.
Sí, a ti, a ti…

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