La virgen nos llama

Vuelven las mariposas,
escuchando su canción;
dónde la flor más sencilla
está tan llena de amor,
que baila entre dos hojas
que devuelven su verdor.

 

Y se asoman sigilosos los habitantes del campo;
con sus patitas calzadas,
sus gorros enfundados de los colores de tierra y los del cielo estrellado.

 

Ya está todo preparado para acoger ese abrazo
porque llega ya la Virgen con su hijo en el regazo.

Lluvia de amor de una madre que entrega su hijo al mundo,
para arroparlo en silencio,
con la emoción sostenida,
tan bella y tan cercana con su presencia de vida infinita.

 

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